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domingo, diciembre 4, 2022
ReligionUcrania. Escucha y acogida: la experiencia con los refugiados en Briukhovychi

Ucrania. Escucha y acogida: la experiencia con los refugiados en Briukhovychi

  • 5 meses ago
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Svitlana Duckhovych – Ciudad del Vaticano
En Briukhovychi, un suburbio de Lviv, al oeste de Ucrania, en medio de la vegetación, la Orden Basiliana de San Josafat tiene un convento y un seminario, donde viven y estudian más de 50 religiosos, la mayoría de ellos seminaristas. Además de los basilianos, al seminario acuden también miembros de otras congregaciones. Es el mayor convento de la Iglesia greco-católica ucraniana. "La guerra nos ha planteado nuevos retos", dice el padre Panteleymon Trofimov, Osbm, superior del convento y rector del seminario, en una entrevista con Vatican News. Además de las actividades del seminario, que no han cesado, y de la atención pastoral a las personas que acuden cada vez más a su iglesia en los últimos meses, los religiosos han iniciado un nuevo servicio: acoger a los desplazados que siguen llegando de las zonas de combate o de los territorios ocupados por el ejército ruso.
El padre Panteleymon recuerda que, el primer día de la guerra, reunió a todos sus hermanos para pensar juntos en cómo adaptar la vida de la comunidad a las nuevas circunstancias. "En los primeros días, la situación era muy incierta", dice, "y algunos hermanos necesitaban el apoyo y la escucha de los demás. Incluso yo, como rector, durante el primer mes de la guerra, sentí que tenía que pasar más tiempo del habitual con los hermanos para compartir sus preocupaciones".
La acogida de los refugiados ha sido y sigue siendo el mayor reto. Incluso antes del 24 de febrero, cuando se hablaba de la posibilidad de una invasión rusa, los representantes del municipio de Lviv se habían dirigido a los padres basilianos de Briukhovychi, pidiéndoles su disposición a acoger a los refugiados en caso de un ataque de Moscú. "Ya en el segundo día de la guerra, llegaron muchos refugiados", recuerda el padre Panteleymon, "procedentes de la región de Kiev (Bucha, Irpin, etc.) y de Kharkiv. El mayor número de personas que alojamos fue de 170 a la vez". Y a todos se les ofreció comida gratuita, alojamiento, servicio de lavandería, kits de higiene y medicamentos. "En las dos primeras semanas", relata el clérigo, "me preguntaba si lo lograríamos, porque no recibíamos ayuda del Estado y sólo podíamos contar con nuestros propios recursos. La ayuda del extranjero, especialmente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y de la asociación L’Œuvre d’Orient, llegó más tarde".
Con la retirada del ejército ruso de la región de Kiev, la gente comenzó a regresar a sus hogares y en su lugar llegaron refugiados de la región donde nació y creció el padre Panteleymon: el Donbass. "Ahora hospedamos a 130 personas", dice, "más de 30 de ellas son miembros de la comunidad parroquial de Zvanivka, en la región de Donetsk, donde se encuentra uno de nuestros conventos, por lo que inmediatamente pasaron a formar parte de nuestras actividades pastorales". Pero también queremos que los demás refugiados vean su estancia en nuestro convento como una oportunidad para acercarse a Dios". Algunos de los refugiados son ortodoxos, otros dicen que no son creyentes, otros tienen prejuicios contra los católicos. El sacerdote explica que no se trata de imponer nada, sino de ofrecer una oportunidad de conocimiento mutuo a través de diversos encuentros temáticos y cursos de formación. "Incluso en la simple conversación diaria con los miembros de nuestra comunidad", añade, "estas personas tienen la oportunidad de conocer la vida de la Iglesia y sentir algo de Dios.
De esta necesidad concreta surgió la idea del nuevo proyecto que comenzó en julio. La Comisión para la Vida Consagrada de la Iglesia greco-católica ucraniana ha creado un centro de asesoramiento espiritual en el monasterio basiliense de Briukhovychi, donde asistentes espirituales y psicólogos ofrecen ayuda profesional gratuita no sólo a los refugiados, sino también a todos los necesitados. El sacerdote subraya que la acogida es para todos, independientemente de su afiliación religiosa o de la lengua que hablen, ucraniana o rusa. "Lo único que pido", dice, "es tener respeto por el monasterio, por los miembros de nuestra comunidad y por los demás".
"Dejé mi región de origen en 2001, cuando entré en la Orden", recuerda el religioso, "y mi procedencia me ayuda a entender mejor a la gente, por ejemplo en el idioma, en la actitud hacia la fe y la Iglesia. A veces ocurre que aquí, en el oeste de Ucrania, alguien, incluso entre nuestros fieles, no entiende la mentalidad de la gente del este del país y quisiera que se adaptaran inmediatamente a las costumbres del lugar. A estas afirmaciones respondo que a quienes lo han perdido todo -sus trabajos, sus casas, sus seres queridos- y no saben lo que les espera, no podemos imponerles una carga más e infligirles otro dolor". "También estoy seguro -concluye el padre Panteleymon- de que pensar que podemos acercar a alguien a Dios por la fuerza es un error desde el principio. En cambio, con nuestra actitud cristiana, tenemos que crear una oportunidad para que la gente vea la vida desde otra perspectiva, para que pueda encontrar una respuesta a la pregunta: "¿Por qué nos tratan de esta manera?" Según el punto de vista del mundo, no obtenemos ningún beneficio de nuestro servicio, pero tratamos de esta manera a los demás porque somos creyentes y cristianos".
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