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domingo, septiembre 25, 2022
ReligionProceso Vaticano, Tirabassi: soy sólo un instrumento en el asunto de Londres

Proceso Vaticano, Tirabassi: soy sólo un instrumento en el asunto de Londres

  • 4 meses ago
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Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano
El encuentro en Londres del 20 al 22 de noviembre de 2018, que supuso un punto de inflexión en la compraventa del edificio de Sloane Avenue, en el centro del juicio del Vaticano, ocupó casi toda la segunda parte -pero ya está prevista una tercera- del interrogatorio a Fabrizio Tirabassi. El ex funcionario de la Oficina Administrativa de la Secretaría de Estado, acusado de malversación de fondos, soborno, extorsión, fraude y abuso de funciones, compareció desde las 9.45 hasta las 17.15 horas en la decimonovena vista del proceso por presuntos delitos contra los fondos de la Santa Sede. Ilícitos de los que dijo ser ajeno, afirmando incluso que había sido un "instrumento" en manos de su jefe de oficina de entonces, monseñor Alberto Perlasca, ahora testigo clave.

En las ocho horas de réplica -intercaladas con varios momentos de tensión entre los abogados- el Promotor de Justicia, Alessandro Diddi, a través de correos electrónicos y chats proyectados en la pared de la sala de los Museos Vaticanos, trató de mostrar cómo Tirabassi se implicó plenamente en las negociaciones para Londres. Empezando por los que llevaron a la firma de un acuerdo marco en noviembre de 2018, por el que la Santa Sede quería obtener "un divorcio consensuado" del corredor Raffaele Mincione para hacerse con el edificio del 60 de Sloane Avenue.
La venta del inmueble ha sido el único tema tratado hoy, partiendo de la propuesta de la operación en 2014 y enumerando una serie de personas hasta ahora sólo mencionadas en audiencias anteriores, que o bien tuvieron un papel activo en el asunto, como los abogados Nicola Squillace, imputado en el proceso (que nunca compareció en el juzgado), y Manuele Intendente, o bien se mantuvieron al margen pero ‘puentearon’ para presentar a otros interlocutores, como Renato Giovannini, vicerrector de la Universidad Telemática Marconi, y Giuseppe Milanese, presidente de la Cooperativa Osa. Los tres últimos son ajenos a los presuntos delitos y fueron oídos como testigos durante la investigación.
Antes de centrarse en la reunión de Londres, que tuvo lugar en el despacho de Torzi "en un ambiente tenso", el promotor Diddi dio un paso atrás. Se remontó entonces a hace ocho años, cuando Mincione -tras ver el negocio petrolero de Angola para el que había sido llamado como asesor- había propuesto al entonces sustituto Angelo Becciu, a través de monseñor Alberto Perlasca, jefe de la Oficina Administrativa, una inversión en Londres a través del fondo que poseía, Gof (Global Opportunity Fund). De experto, Mincione pasó a ser contraparte contractual de la Santa Sede.
Según Tirabassi, "la propuesta tuvo lugar en una reunión en la Secretaría de Estado en presencia de Becciu y Perlasca y de un asesor del grupo Mincione, el Dr. Catizone", director general de Athena. Después de la reunión, Perlasca "bajó a la oficina y pidió hacer una nota para autorizar". Enrico Crasso, durante 26 años asesor financiero de la Secretaría de Estado, director de área de Credit Suisse (el banco que presentó a Mincione para la operación de Angola), también estuvo involucrado. "Obediente a la jerarquía", Tirabassi extendió la nota, sorprendido sin embargo por la "repentina decisión" de Perlasca. "Sin ambages", el monseñor dijo que se procedió a la operación, tras el placet del entonces sustituto Becciu, a quien la nota presentaba la operación como "la hipótesis más prometedora y garantista" para diversificar las acciones financieras, como, por otra parte, era el deseo de Perlasca, que desde hacía tiempo quería invertir en el ladrillo.

La compra de inmuebles por parte del Vaticano es una "tradición" que se remonta a la época de Pío XI, y a lo largo de los años se han adquirido varias sedes diplomáticas en todo el mundo, pero para Tirabassi -minuteman desde 1987- una compra así era una "novedad".

A continuación, el acusado se detuvo en las "inversiones elegidas y determinadas por Mincione", con el resto de los activos líquidos de la Secretaría de Estado fluyendo hacia el Fondo Athena, que ya tenía el edificio de Londres "en sus entrañas". Mincione invirtió "en diversas operaciones", principalmente en acciones de sus propias empresas. "Pero esto estaba dentro de la autonomía del gerente", explicó Tirabassi. Sin embargo, Perlasca, a través de "recomendaciones verbales", le dijo al corredor que "gestionara con prudencia la liquidez".
"Estábamos al tanto del tipo de inversiones que se hacían pero no teníamos posibilidad de intervenir, también porque se nos informó a posteriori", explicó Tirabassi, quien dijo que aconsejó a Perlasca "que entregara la documentación a un abogado para que viera los términos para salir de alguna manera del impasse". Sin embargo, esperó porque la revalorización del edificio estaba en marcha. Fue antes del Brexit y la revalorización de la libra mitigó los otros problemas subyacentes". Para Tirabassi, en cualquier caso, era "una forma muy extraña" de que su jefe de oficina "tratara de forma independiente con terceros".
Ante esta situación, en septiembre de 2018 intervino una solicitud de auditoría por parte de la Auditoría General, destinada a analizar las inversiones del fondo Gof, y el secretario de Estado, Pietro Parolin, dio instrucciones al dicasterio para que "colabore con la Auditoría". Ya antes, en 2015, fue la Secretaría para la Economía, entonces dirigida por el cardenal George Pell, en una carta dirigida a las entidades de la Santa Sede, la que pidió más información sobre ingresos, gastos, fondos. La misiva fue proyectada en la pared de la sala, junto con otra nota que decía: "Monseñor X aún no proporciona la información necesaria para completar el presupuesto 2015 de la SdS, que se refiere por ejemplo a las inversiones inmobiliarias y a las actividades relacionadas con el Obolo di San Pietro". Para Tirabassi, la referencia era Perlasca. El propio Tirabassi respondió en dos ocasiones a la Secretaría de Economía, subrayando que no tenía potestad para "invadir la legítima autonomía de los dicasterios garantizada por la Pastor Bonus" y que "sus propios estatutos no le permiten interferir en la propia autonomía de los dicasterios".
El interrogatorio se centró entonces en las relaciones de Tirabassi con Intendente, Giovannini y, sobre todo, Torzi. Entre proyectos de inversión en créditos sanitarios, aperitivos y reuniones en el centro de Roma, llegaron a una reunión en la Confcooperativa, el 14 de noviembre de 2018, durante la cual, hablando del acuerdo de Londres, Torzi dijo que conocía a Mincione y que tenía la capacidad de convencerlo "a un compromiso" para sacar al Vaticano del fondo. Perlasca, informado por colaboradores, dijo que estaba "convencido de seguir este camino". Mincione ya le había dicho dos días antes que existía "la posibilidad de una buena solución". ‘Probablemente Torzi se haya adelantado’, comentó hoy Tirabassi.
Los acontecimientos se sucedieron rápidamente. El 15 de noviembre, Perlasca anunció al abogado Paolo Bernasconi, del prestigioso bufete Baker&McKanzie, en contacto tanto con la Secretaría de Estado como con Mincione, "que habría una decisión final el día 20 en Londres". "Obviamente no estaré allí", le dijo a Tirabassi, pidiendo acompañar a Craso en el viaje a Londres. "Eso obviamente no me gustó… Era consciente de que era definitivo. Hoy me siento como una herramienta", dijo el acusado.
En varias ocasiones reiteró que en la reunión de la capital británica "el mandatario de la Santa Sede era Torzi" y actuó como tal. "¿Quién le dio este mandato?", preguntó Diddi. "Perlasca" por teléfono. Estábamos allí para ser testigos de lo que hacía Torzi. Representaba los intereses de la Santa Sede". Tirabassi describió esos tres días como caracterizados por una gran tensión y ansiedad, con Mincione siempre en contacto con Torzi y los abogados de la parte contraria presentando excepciones a las cláusulas.
A esto se añade el factor tiempo. La preocupación era concluir todo antes del 15 de diciembre para cumplir el plazo impuesto por el Auditor General. De hecho, Perlasca escribió en un correo electrónico que si el auditor "supiera que hemos hecho una operación tan delicada… haríamos otro lío". Dado que se necesitaba un vehículo para llevar a cabo la operación, es decir, la constitución de una sociedad para la transferencia de las acciones, lo que habría llevado varios días, se aceptó la propuesta de Torzi de ingresar las acciones en su sociedad Gutt, que llevaba años sin actividad, como demuestra un certificado presentado en su momento. El 21 por la tarde se obtuvo un primer esbozo de contrato que se envió inmediatamente a Perlasca, quien, sin embargo, se dio cuenta de la necesidad de asistencia jurídica pero no quiso encomendar esta tarea a Bernasconi, tanto por el conflicto de intereses con Mincione como por los excesivos honorarios exigidos: 160.000 euros.
Desde Roma, Perlasca se dirigió al abogado de Torzi, Nicola Squillace, ya que se pensaba -explicó Tirabassi- que todos actuábamos con el mismo fin. Entonces se firmó un acuerdo que otorgaba a Torzi 1.000 acciones frente a las 30.000 de la Secretaría de Estado. ‘Sirvieron como compensación económica y para continuar como administrador del edificio’, explicó Tirabassi, ‘fue una garantía’. Sin embargo, las 1.000 acciones de Torzi tenían derecho a voto y, por tanto, le dejaban el control total del edificio. Por ello, el Secretario de Estado se movió para intentar cerrar cualquier acuerdo con el corredor. Esta es la otra parte de la historia del juicio en curso, que continuará los días 6 y 7 de junio.
 
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