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sábado, agosto 13, 2022
ReligionEstrellas llamadas a convertirse en constelaciones

Estrellas llamadas a convertirse en constelaciones

  • 2 meses ago
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Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano
Los movimientos y las nuevas comunidades, insertados en el camino sinodal de la Iglesia, son "como las piezas de un mosaico, bellas si se toman una por una, pero que sólo juntas forman una imagen". Ya somos "una estrella en el corazón de Dios", pero "estamos llamados a componer constelaciones que orienten e iluminen el camino de la humanidad". Así, citando el mensaje del Papa Francisco para la última Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el 8 de mayo de este año, la presidenta del Movimiento de los Focolares, Margaret Karram, quiso expresar el primero de los retos que esperan a estas realidades de la Iglesia, llamadas a "ir más allá de toda auto-referencialidad" y a caminar juntos, "no sólo dentro de nuestras propias realidades, sino junto a todos" como hermanos.
En efecto, se llevaron a cabo los trabajos del congreso teológico titulado "Movimientos y nuevas comunidades. Identidad en el camino sinodal de la Iglesia", organizado por la Pontificia Universidad Lateranense y el Instituto Universitario Sophia de Loppiano, en el Aula Magna de esta alta casa de estudios de Roma. Una continuación ideal, largamente esperada pero pospuesta por la pandemia, de la jornada de estudio del 2018 sobre "Carisma e Institución en los Movimientos y Comunidades eclesiales".
En esa ocasión se analizaron las novedades de las que eran portadoras las nuevas realidades eclesiales, así como las cuestiones relacionadas, algunas de ellas inéditas, que superaban el marco canónico existente. "Ya entonces – subrayó Margaret Karram – se percibía la necesidad de seguir profundizando, incluso desde el punto de vista teológico”.
En su discurso introductorio, el cardenal Kevin Joseph Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, ofreció su mirada sobre el futuro y los retos que esperan a los movimientos y a las nuevas comunidades en el tercer milenio, representados en el congreso por el Movimiento de los Focolares, la Comunidad Emmanuel, la Comunidad Shalom, la Fazenda de Esperança y Nuovi Orizzonti, que la promovieron, pero también por muchas otras realidades.
El purpurado indicó cuatro de ellos, desde el reto de la fidelidad dinámica y creativa al carisma hasta el de la unidad, desde la sinodalidad hasta la labor misionera. La fidelidad creativa al carisma es necesaria porque "la fuente" del encuentro con Cristo, que ha producido nuevas formas de oración, modos de anuncio, vida común, caridad y servicio, obras sociales y culturales, e incluso compromiso civil y acción política, debe ser comunicada a las nuevas generaciones de miembros de una manera nueva, pero en su forma original, y no "sus derivaciones o aplicaciones parciales".
“Mantener el fuego vivo y no adorar las cenizas”
Un carisma que también debe adaptarse a las diversas culturas que se encuentran en la difusión y expansión del movimiento, porque "la fidelidad al carisma no significa ‘petrificarlo’", como subrayó el Papa Francisco a Comunión y Liberación en marzo de 2015. Una fidelidad que significa "mantener el fuego vivo y no adorar las cenizas".
El reto de la unidad es interno, para superar los "personalismos" y las oposiciones entre "corrientes" y permanecer en una única "familia espiritual". Pero también es "externo", por lo que exige conservar la "comunión con las Iglesias particulares y sus pastores". Sin embargo, estos últimos, por su parte, para el cardenal Farrell, "están llamados a comprender cada vez mejor la especificidad de los carismas" de los movimientos y de las nuevas comunidades y "saber acogerlos adecuadamente, y valorarlos, como instrumentos preciosos en la pastoral ordinaria de las diócesis".
La sinodalidad en los movimientos, y este es el tercer reto, exige potenciar la contribución de todos los miembros, para que no sea sólo un grupo de unos pocos "iluminados" los que miren al futuro del carisma. Y también implica "la delicada cuestión de la formación de quienes pueden asumir funciones de liderazgo en el apostolado y también en el gobierno de los movimientos".
Por último, desea la armonía y la cooperación entre los diferentes "estados de vida", que deben caminar juntos. Solteros y casados, laicos y sacerdotes o religiosos, y también fieles y obispos. El cuarto reto es responder a la naturaleza de los movimientos que son "intrínsecamente" misioneros. "Sus miembros, sin asistir a "escuelas" o "cursos" específicos – recordó el cardenal irlandés – han sido valientes anunciadores del Evangelio desde el principio. Esta es una riqueza ¡que debe ser conservada", dijo alejándose de toda auto-complacencia y dirigiéndose especialmente a los jóvenes y a las familias.
El prefecto del Dicasterio para los Laicos llamó entonces a todos los miembros de los movimientos y de las nuevas comunidades "a un discernimiento, individual y comunitario, para captar lo que el Espíritu Santo sugiere a la Iglesia" y a cada una de las diferentes realidades. Porque el carisma no puede reducirse a una idea en conflicto con la realidad. Además, invitó a los movimientos a actualizar "la formación permanente ofrecida a sus miembros, teniendo en cuenta estos nuevos desafíos, y a que se adapten a ellos las actividades de apostolado y los servicios caritativos que todos llevan a cabo con admirable entrega".
El congreso también tuvo el objetivo de dar un impulso al estudio teológico de los movimientos y las nuevas comunidades, para conocer y comprender mejor su identidad profunda, sus puntos de encuentro y su colaboración al servicio de la Iglesia y de la humanidad.
Intervinieron el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina; Linda Ghisoni, subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida; monseñor Piero Coda, secretario general de la Comisión Teológica Internacional y profesor de Ontología Trinitaria en el Instituto Universitario Sophia; Elena Di Bernardo, de la Facultad de Derecho Canónico, Institutum Utriusque luris, de la Pontificia Universidad Lateranense; Mary Healy, del Seminario Mayor del Sagrado Corazón de Detroit, de EEUU y Luigino Bruni, profesor ordinario de Economía Política y coordinador del doctorado en Ciencias de la Economía Civil, de la Universidad Lumsa de Roma.
Por parte de los movimientos y las nuevas comunidades que promovieron el evento, además de Margaret Karram, participaron Chiara Amirante, fundadora y presidenta de Nuovi Orizzonti; Michel-Bernard de Vregille, moderador general de la Comunidad Emmanuel; Moysés Louro de Azevedo Filho, fundador y moderador general de la Comunidad Católica Shalom e Iraci da Silva Leite, una de las fundadoras de la Fazenda da Esperança.

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