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martes, septiembre 27, 2022
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Atención amorosa en el ambulatorio querido por el Papa

  • 3 meses ago
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Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano
Es un polo de la caridad que se encuentra bajo la columnata de San Pedro. Junto a las duchas y la barbería, el dispensario médico “Madre de la Misericordia” atiende a las personas sin hogar desde el 2015. Las instalaciones fueron renovadas completamente y ahora están abiertas cuatro días a la semana: lunes, martes, jueves y sábado de 8.30 a 12.00. En agosto, época de vacaciones, sólo se podrá acceder los jueves. "No dejamos solos a nuestros pobres", dice el director del ambulatorio, el Dr. Massimo Ralli, quien añade:
“No dejamos solos a nuestros pobres”
 
“Hay personas que tienen que tomar medicación constantemente por enfermedades crónicas y es justo estar aquí para ellos”
En este lugar, encrucijada de dolor y de atención médica, trabajan unas cuarenta personas, entre ellas veintiséis médicos, cuatro enfermeras, cuatro dentistas, un técnico de laboratorio, un farmacéutico de la Farmacia Vaticana, un podólogo y otros tres operadores que ayudan en la recepción y otras cosas. El Dr. Ralli añade:
“Entre los especialistas médicos, los dentistas son muy importantes porque a menudo no pensamos en el problema hasta que llega el dolor”
 
La ocasión de conocer al responsable del ambulatorio "Madre de la Misericordia" nos la ofrece el informe de mayo que reporta ochocientos seis, entre los cuales trescientos dos visitas de especialistas y veintiuna pruebas de laboratorio. "Podemos decir – explica el Dr. Massimo Ralli – que es una tendencia constante, llegamos a asistir a unas cinco mil personas. Un río de bien gratuito.
“Llegamos a asistir a unas cinco mil personas. Un río de bien gratuito”
Al Dr. Massimo Ralli, teniendo en cuenta los ochocientos seis servicios del ambulatorio, sólo en mayo, que demuestran la gran cantidad de trabajo, le hemos preguntado ¿qué significan estas cifras para el dispensario del Vaticano?

Nos dicen que hay tanta necesidad por parte de las personas a las que asistimos a diario y que viven en situaciones de indigencia, marginación, pobreza, y que acuden a este ambulatorio fuertemente deseado por el Santo Padre en el 2015 y llevado a cabo por el cardenal Krajewski, por el Dicasterio para el servicio de la caridad precisamente para atender a estas personas, para ofrecerles la posibilidad de ser curados, de recibir sus terapias, diagnósticos y tratamientos.
¿Cuáles son las mayores necesidades de las personas que viven en la calle, también en tiempos de pandemia como la que hemos vivido y estamos viviendo?
Las necesidades son las de una evaluación de su salud, por lo que desde la simple medición de la presión arterial hasta la medición de la glucosa en su sangre, o la atención de nuestros médicos a la salud general de la persona. Pero también hay diagnósticos de patologías especializadas. Tenemos muchos médicos de cabecera, pero también muchos especialistas. En el momento de la pandemia, ofrecimos hisopos moleculares y rápidos, hicimos unos siete mil en el ambulatorio en estos dos años.
“Ofrecer la propia experiencia y tiempo por Jesús, a quien vemos en los pobres que vienen a nosotros cada día”
Los hisopos eran muy importantes porque permitían la entrada a los dormitorios, que en los últimos dos años, para evitar brotes, no aceptaban a nuevos huéspedes si no tenían un hisopo negativo. Estas personas no sabían cómo hacerlo, no podían pagarlo en las farmacias, así que acudieron a nosotros y, de esta forma, pudieron acceder y dormir una noche menos en la calle. También realizamos exámenes instrumentales, análisis de sangre y orina o evaluaciones por ultrasonido.
“En fin, hacemos todo lo relacionado con el cuidado de estas personas que de otra manera no tendrían forma de acceder a estos servicios”
¿Qué significa para un médico la experiencia de una clínica dedicada a los sin techo?
Es una experiencia muy importante porque permite ofrecerse al servicio de los pobres y seguir el Evangelio, tal como nos recuerda a menudo el Santo Padre. Así que lo que hacemos aquí, lo que hacen los médicos y todos los voluntarios en el ambulatorio es poner en práctica el Evangelio. Es decir, ofrecerse y ofrecerla propia experiencia y tiempo por Jesús, a quien vemos en los pobres que vienen a nosotros cada día.

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