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jueves, septiembre 29, 2022
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Acuérdate del final y deja de odiar

  • 4 meses ago
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Sergio Centofanti
Cuando las palabras de odio aumentan, crece el riesgo de que se conviertan en actos de violencia, si es que no se han convertido ya en armas que matan y destruyen. En un mundo ya herido por tantos conflictos y tanta indiferencia hacia los que sufren, cuando las palabras de odio se multiplican, los peligros son mayores para todos. Los que tienen un poder de decisión importante pueden apretar más fácilmente los botones equivocados si están llenos de esa ira alimentada por palabras incendiarias. Toda la humanidad corre más riesgo si los poderosos de este mundo pronuncian palabras de odio.
“Acuérdate del final y deja de odiar”, leemos en la Biblia (Sir 28,6). Es un pasaje que fue escrito hace unos 2200 años por un judío de Jerusalén, Jesús ben Sira. El Papa lo citó en un Ángelus hace dos años, el 13 de septiembre de 2020:
Hoy, por la mañana, mientras celebraba la misa, me he detenido y me ha llamado la atención una frase de la primera lectura, en el libro del Sirácide. La frase dice así: “Acuérdate del final y deja de odiar”. ¡Bonita frase! ¡Piensa en el final! Piensa que estarás en un ataúd… ¿y llevarás allí tu odio? “Acuérdate del final y deja de odiar”. Deja el rencor. Pensemos en esta frase, tan conmovedora: “Acuérdate del final y deja de odiar”.
“Acuérdate de la corrupción y de la muerte -continúa el Sirácide- y no guardes rencor a tu prójimo… Perdona la ofensa de tu prójimo y entonces, con tu oración, tus pecados te serán perdonados”.
Odiar hace daño a uno mismo antes de dañar a los demás. Pero la indiferencia también es un gran mal. Olvidamos muchas situaciones dolorosas, miramos para otro lado, nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los demás, de quienes siguen viviendo y muriendo en medio de guerras olvidadas.
Los combates en Siria duran más de once años. Hay cerca de medio millón de muertos y más de once millones de refugiados y desplazados. El cardenal Mario Zenari, nuncio en Damasco, dice con dolor que han sido olvidados, que “la esperanza ha desaparecido del corazón de tantas personas y, en particular, del corazón de los jóvenes, que no ven ningún futuro en su país y buscan emigrar”. También hay hambre, recuerda Zenari: “Hay escasez de pan y, ahora, con la guerra en Ucrania, incluso de harina”. En estos años de guerra, quizá dos tercios de los cristianos han abandonado Siria. “En estos conflictos, los grupos minoritarios son el eslabón más débil de la cadena", agrega el cardenal, y comenta que, además, ahora hay olvido: “Esta es otra grave desgracia sobre Siria, la de caer en el olvido. Este olvido hace mucho daño a la gente”. 

El cardenal Berhaneyesus Souraphiel, arzobispo de Addis Abeba, se refiere así a la guerra y al hambre en Etiopía: “Millones de etíopes necesitan desesperadamente ayuda humanitaria”. ¿Quién se acuerda de ellos?
En Myanmar “aún estamos en el Calvario”, dice el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, bajo un régimen militar que no escatima en ataques a las iglesias y miles de refugiados birmanos que vagan por la selva. Nadie se salva del colapso de la economía y más de la mitad de la población se ve reducida a la pobreza. Los jóvenes se sienten privados de su futuro. En este camino de la cruz “impresiona la profunda fe del pueblo. Como cristianos, encontramos la esperanza en el profundo misterio de la locura de la cruz", sostiene Maung Bo. 
El obispo Paul Hinder, vicario apostólico emérito de Arabia del Sur, habla de la guerra olvidada en Yemen, donde la emergencia humanitaria hace pasar hambre a millones de personas. Más de dos millones de niños arriesgan sus vidas por el hambre. “Estas guerras olvidadas tienen poco interés. Para muchos, Yemen está realmente en la periferia del mundo", sentencia monseñor Hinder.
Estas son solo algunas guerras olvidadas. Las guerras suelen empezar con palabras de odio. Así lo expresó el Papa Francisco en una misa en la Casa de Santa Marta en 2019: “Hoy, hay que decirlo claramente, hay muchos sembradores de odio en el mundo, que destruyen… el lenguaje es un arma viciosa, mata… podríamos vivir como hermanos, todos, en paz”.
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