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Religion27 mártires españoles. "Las persecuciones no son una realidad del pasado"

27 mártires españoles. "Las persecuciones no son una realidad del pasado"

  • 5 meses ago
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Sebastián Sansón Ferrari – Vatican News
Veinticinco frailes dominicos martirizados en Almagro (Ciudad Real) y en Almería, un laico dominico y una monja dominica son, desde este sábado 18 de junio, los nuevos beatos de la Iglesia católica. En una celebración eucarística en la Catedral de Sevilla el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, subrayó el ejemplo de estos beatos mártires, quienes fueron asesinados por odio a la fe durante la guerra civil española.
El Purpurado introdujo su homilía con una referencia al relato del Apocalipsis que se escuchó en la ceremonia: “Hemos oído que Juan, en su visión contempló una gran multitud de personas que, vestidos con vestiduras blancas, alababan a Dios”.
Sorprendido por esta imagen, él se preguntó quiénes eran. Le llegó la respuesta: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero». San Agustín lo comentará observando que, en sí mismo, toda sangre tiñe de rojo, pero que, a diferencia de cualquier otro caso, la sangre del Cordero confiere blancura porque se trata del Cordero de Dios «que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29); es la sangre de Cristo «derramada por muchos para el perdón de los pecados» (Mt 26, 28) (Cf. Discorso 306/D: PLS 2, 788).
En la perspectiva de la mirada profética, Semeraro afirmó que “hoy contemplamos el consistente grupo de Siervos de Dios que acaban de ser declarados beatos y proclamados mártires”. Añadió: 
“Pertenecen a aquella «cándida comitiva de mártires», que alaba al Señor, como canta el Te Deum: «te martyrum candidatus laudat exercitus». Su historia ha sido recordada al iniciar este sagrado rito: fueron todos víctimas de la misma persecución que, en los años treinta del siglo pasado, provocó la muerte de cientos y cientos de cristianos: ministros sagrados, personas consagradas, fieles laicos… Una multitud, en efecto, que ha lavado sus propias vestiduras en la sangre del Cordero”
El Prefecto enfatizó que los nuevos beatos fueron “personas humanamente muy diversas por su carácter, por sus historias personales. Los unía, en cambio, el carisma de Santo Domingo: una elección vocacional, la suya, vivida con fidelidad, coherencia y generosidad”.
Resplandece con singular luminosidad la figura de una mujer, Sor Ascensión de San José. Junto a otras, ella  fue cruelmente torturada. Le pidieron que blasfemara y pisoteara el crucifijo: se negó y le destrozaron el cráneo. No renegó de la fe; al contrario, murió ensalzando a Cristo Rey y alabando al Santísimo Sacramento. Sabía bien Sor Ascensión que la sangre del Cordero confiere candor porque es la sangre «derramada por muchos para el perdón de los pecados».
Semeraro manifestó que “también nosotros, entonces, alentados por su testimonio, repetimos en la intimidad del corazón con la fe de la Iglesia: «su sangre derramada por nosotros es la bebida que nos redime de toda culpa» (Prefacio de la Ssma. Eucaristía, I)”.
Citando el Santo Evangelio, Semeraro expresó que el “Evangelio debe ser proclamado sobre todo con el testimonio de la fraternidad y de la comunión” y trajo a colación la exhortación Evangelii nuntiandi de San Pablo VI, en la que este dijo:
“Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunión de vida y de destino con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros? Pues bien, este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva.”
Refiriéndose a Gaudete et exsultate, la exhortación del Papa Francisco sobre la llamada a la santidad en el mundo de hoy, el Purpurado aseguró que el Santo Padre ha escrito que “no se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra” (Gaudete et exsultate, 91).
Semeraro añadió, a partir del punto 91 de la exhortación apostólica, que “se da por hecho que vivimos en una sociedad alienada, atrapada en una trama política, mediática, económica, cultural e incluso religiosa que obstaculiza el auténtico desarrollo humano y social”, de modo que para vivir como cristianos según las Bienaventuranzas evangélicas ‘se hace difícil y puede ser incluso una cosa mal vista, sospechosa, ridiculizada’ (cf. Gaudete et exsultate, 91).
“Las dificultades y las pruebas que nuestros Mártires han soportado y superado, si bien en una paradójica victoria que a los ojos del mundo es una derrota, no son ciertamente las únicas. «Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades» continúa diciéndonos el Papa (Cf. Gaudete et exultate, n.94)”
Y concluyó:
"Miremos, entonces, el ejemplo de nuestros Mártires para sentirnos confortados. San Gregorio Magno escribía que tanto más sólida surge en nosotros la esperanza, cuanto más duras son las pruebas soportadas por amor de Dios (Cf. Moralia in Job, II, X,36: PL 75, 941). Tengamos confianza, no obstante nuestras fragilidades. Dios revela su fuerza justamente en los débiles y también a los indefensos él da la fortaleza del martirio (Cf. Prefacio de los santos mártires). Amén".
Mañana, domingo 19 de junio a las 12:00, se celebrará una misa en acción de gracias por la beatificación de los 27 mártires dominicos, presidida por el maestro de la Orden de Predicadores, Fr. Gerard Timoner OP, desde la iglesia San Jacinto de Sevilla.
Ángel Marina Álvarez, sacerdote
Manuel Fernández (Herba), sacerdote
Natalio Camazón Junquera, sacerdote
Antonio Trancho Andrés, sacerdote
Luis Suárez Velasco, sacerdote
Eduardo Sainz Lantarón, sacerdote
Pedro López Delgado, sacerdote
Francisco Santos Cadierno, religioso estudiante
Sebastián Sáinz López, religió estudiante
Arsenio de la Viuda Solla, hermano cooperador
Ovidio Bravo Porras, hermano cooperador
Dionisio Pérez García, hermano cooperador
Fernando García de Dios, novicio para hermano cooperador
Antolín Martínez-Santos Ysern, novicio para clérigo
Paulino Reoyo García, profeso estudiante
Santiago Aparicio López, profeso estudiante
Ricardo Manuel López y López, profeso estudiante
José Garrido Francés, sacerdote
Justo Vicente Martínez, profeso estudiante
Mateo (Santiago) de Prado Fernández, hermano cooperador
Juan Aguilar Donis, sacerdote
Tomás Morales Morales, sacerdote
Fernando Grund Jiménez, sacerdote
Fernando de Pablos Fernández, hermano cooperador
Luis María (Ceferino) Fernández Martínez, hermano cooperador
Fructuoso Pérez Márquez, seglar dominico
Sor Ascensión de San José (Isabel Ascensión Sánchez Romero), monja dominica
 
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