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lunes, octubre 3, 2022
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Perú. Monseñor Zerdín: Aguchita nos muestra el camino a la fraternidad universal

  • 5 meses ago
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Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“Hoy, dentro de este mundo egoísta necesitamos el ejemplo de Aguchita, de donarse y de poco a poco ir creando alrededor de uno ese Reino de Dios que es la fraternidad universal, que no es una ilusión, una utopía, sino que es algo real, como también lo afirma el Papa Francisco”, lo dijo Monseñor Gerardo Zerdín, O.M.F., Vicario Apostólico de San Ramón, Perú, explicando las virtudes y el legado que nos ha dejado María Agustina Rivas López, conocida como “Aguchita”, quien será beatificada este 7 de mayo de 2022, en La Florida, en la Diócesis de San Ramón, ubicada en la selva central del Perú.
En un Perú devastado por la violencia de la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso, hay una historia de entrega y amor a las mujeres campesinas e indígenas, brutalmente interrumpida el 27 de septiembre de 1990 en el pueblo de La Florida, en el límite de la Selva central del país. La Sierva de Dios María Agustina Rivas López, conocida como Aguchita, (nacida como Antonia Luzmila) fue asesinada por odio a la fe junto a seis vecinos. El 22 de mayo de 2021, el Papa Francisco reconoció su martirio y autorizó la promulgación del decreto de beatificación. Ese fatídico día, la elección de los terroristas debía recaer en la Superiora de la Congregación, al no encontrarla se llevaron a Aguchita.
¿Cuáles son las virtudes cristianas que Aguchita nos ha dejado? ¿Qué es lo que más la ha caracterizado en su vida religiosa donada hasta el extremo?
R/. La Iglesia proclama a los santos para que sean ejemplos de vida cristiana y el ejemplo de ellos, de los santos y beatos, tiene que iluminar a todos nosotros. Por eso, se han visto esas virtudes de la hermana Aguchita, no es la única virtud que haya dado su vida, en el momento del sacrificio, de su martirio, sino más bien toda su vida ofrenda al Señor, los momentos de su compromiso vocacional, los votos y como la ha vivido, en un alto grado de servicialidad hacia todos, una alegría que ha demostrado siempre al servicio y que con la oración tenía la fuerza para poder cumplir a cabalidad su servicio a todos y digamos, como parte final, se ha cumplido su deseo de ser misionera en la selva.
¿Qué representa la beatificación de Aguchita para la iglesia particular de San Ramón y para la iglesia peruana?
R/. Qué es lo que significa Aguchita para nosotros, pues, para nosotros nos motiva mucho porque no es cosa de cada día. Estamos todos, todos los del Vicariato estamos en eso de cómo celebrarlo adecuadamente después de esas prohibiciones de encuentros de mucha gente en un solo sitio a causa de la pandemia, y hemos esperado este año para poder celebrarlo adecuadamente. Y que a todos nosotros nos motive no solamente a la resistencia, al martirio, sino como un paradigma más de una peruana del Perú profundo, del Perú quechua, que ha alcanzado esos niveles de servicio, de santidad. Y que nos motive a todos, especialmente motive para la vocación religiosa, para la vida religiosa y también para la vida de servicio laical y servicio sacerdotal.
¿Qué mensaje nos deja Aguchita con su vida de servicio y entrega? ¿Cuál es su legado para la Vida Religiosa y para todos los cristianos?
R/. Diríamos así, La Florida llena de flores, de plantas, que significo tanto para Aguchita y los vivientes pobres, ellos serian el eje de su mensaje. Justamente en la línea del Papa Francisco, en la línea de la Laudato si, de admirar la naturaleza cómo creación de Dios no solamente algo que hay que explotar, sino algo que hay que admirar, algo por lo que hay que convivir y alabar al Señor. Además, la gente necesitada, la gente pobre, que nos da tanta amistad y agradece todo lo que les podemos dar para que mejore la calidad de su vida. Creo que es algo muy actual, incluso dejando de lado las luchas que hoy día existen, enfrentamientos, confrontaciones, sobre eso, Aguchita, derrama su dulzura, esa miel de su carácter, con una vida entregada totalmente. Creo que muy en la línea de las vocaciones que hoy necesitamos dentro de este mundo egoísta y de darse y de poco a poco ir creando alrededor de uno ese Reino de Dios que es la fraternidad universal que no es una ilusión, una utopía, sino que es algo real, tal como también lo afirma el Papa Francisco, buscando formas de cómo se puede llevar eso a cabo en la realidad, cómo hacerlo viable.
Una vida donada al servicio
Aguchita nació el 13 de junio de 1920 en Coracora, Perú. A los 14 años se trasladó a Lima para estudiar en el Colegio Sevilla, dirigido por las Hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor. Atraída por la vida consagrada, ingresó en la Congregación en 1941, donde emitió su profesión religiosa perpetua el 8 de febrero de 1949. En 1988 fue enviada a la misión de la Congregación en el pueblo de La Florida, donde permaneció a pesar de los peligros y riesgos que corrió.
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