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domingo, septiembre 25, 2022
ReligionPadre Grynevych de Caritas-Spes Ucrania: Unidos por la paz como quiere el Papa

Padre Grynevych de Caritas-Spes Ucrania: Unidos por la paz como quiere el Papa

  • 4 meses ago
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Andrea De Angelis – Ciudad del Vaticano
En los ojos los horrores de casi tres meses de guerra. En el corazón y en la cabeza esa cercanía propia de Cáritas, la tarea de dar forma y contenido a una solidaridad creativa, como tantas veces ha pedido el Papa. Gratitud a quienes, desde todos los rincones del planeta, han mostrado con hechos su cercanía al pueblo ucraniano y, al mismo tiempo, la conciencia de que aún queda mucho por hacer y se hará. Contrarrestar el riesgo, como advirtió Francisco, de acostumbrarse al conflicto. El padre Vyacheslav Grynevych, secretario general de Caritas-Spes Ucrania, cuenta esto y mucho más en la entrevista con Radio Vaticano – Vatican News. Lo hace al día siguiente de su encuentro con el Papa en el Vaticano y en el día en que Caritas Internationalis organizó una conferencia de prensa en la Sala Marconi de Radio Vaticano para poner al día el trabajo de la Confederación Caritas en Ucrania y la situación humanitaria en el país.
Desde el comienzo del conflicto, las dos organizaciones ucranianas de Cáritas – Caritas Ucrania y Caritas Spes Ucrania – han estado al lado de la población prestando ayuda humanitaria. Todas las organizaciones de Cáritas de los países vecinos -como Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Moldavia- están en primera línea para ayudar a los millones de refugiados que huyen de la guerra, con el apoyo de otros miembros de la Confederación Cáritas. Así lo subrayaron los ponentes, moderados por Alessandro Gisotti, subdirector editorial del Dicasterio para la Comunicación; Aloysius John, secretario general de Caritas Internationalis; Tetiana Stawnychy, presidenta de Caritas Ucrania y el propio padre Vyacheslav Grynevych.
Padre Grynevych, en la entrevista que nos concedió con motivo de la Santa Navidad, hace casi cinco meses, subrayó la importancia de estar cerca de los más necesitados y de fomentar el diálogo entre generaciones. La guerra, entonces, era más o menos una posibilidad remota, mientras que hoy es una triste realidad. ¿Qué necesita hoy, casi tres meses después del inicio del conflicto?
Antes de la guerra, vimos muchas veces una indiferencia entre los pueblos, no sólo en Ucrania, sino en muchos países. Pensé que las diferencias podían ser un problema, las que hay entre religiones o de edad. Hoy, en cambio, las diferencias son una riqueza para nuestro pueblo, pueden darnos la fuerza para estar juntos como un solo cuerpo. Ahora nuestro país está verdaderamente unido. Todos estamos en una misión, llamados a responder a esta crisis humanitaria, a la guerra. Una oportunidad para unir nuestras fuerzas y una invitación a otros países. La guerra es muy mala, por supuesto, pero podemos estar unidos. El Papa nos pide que seamos una Iglesia en salida y creo que esta Iglesia la vemos hoy en Ucrania. Como Cáritas debemos continuar con nuestra misión, para desarrollar la paz no sólo en Ucrania, sino en todos los países del mundo. 

El Papa calificó la guerra de "bárbara y sacrílega". Ante este panorama, ¿qué tan difícil es estar al servicio de los necesitados y, al mismo tiempo, qué tan fundamental es?

La guerra no es sólo la destrucción de casas, de carreteras, de nuestra realidad. Me parece que tenemos que ir más allá, para tocar nuestras almas destruidas por la guerra. No es fácil saber lo que está pasando. Como trabajadores de Cáritas, al drama de la guerra se suma el de la vida privada de cada persona. Familias evacuadas, niños reclutados. Son dos lados, el público y el privado, que viven en la misma alma. Nuestros voluntarios son héroes. Nos preguntamos cada día cuándo volveremos a la vida normal, todos sentados en la misma mesa, rezando en nuestras iglesias. 

Ayer se reunió con el Papa, ¿qué le dijo?

La nuestra fue una reunión que disfruté mucho. Le contamos nuestra experiencia de unidad, todos juntos, que como Cáritas tenemos con los obispos. La presencia común en las iglesias, en los hogares. También hay voluntarios no católicos que están a nuestro lado, que quieren echar una mano. El Papa ha dicho que eso es lo que quiere. Sus palabras son una bendición, una esperanza. No estamos solos, vamos juntos por el buen camino, el camino de la ayuda humanitaria para todos. 
Francisco ha mostrado su cercanía al pueblo ucraniano, concretada por ejemplo en las numerosas misiones del cardenal Konrad Krajewski. ¿Qué importancia tiene esta cercanía?

En general, ya sentimos esta cercanía en 2014, desde Europa, por ejemplo. Hoy aún más, ante el terrible rostro de la guerra.  Saber que no estamos solos, gracias también a las visitas de la Santa Sede, a las palabras del Papa, nos da fuerzas para seguir trabajando. No es sólo la guerra, sino la dignidad lo que está en juego. El Papa nos ha recordado muchas veces que nuestra historia ha sido difícil. Sólo queremos ser libres, elegir nuestro propio camino. Nuestras familias tienen historias de dolor, todos estamos tocados por esto y hoy, una vez más, por esta guerra. Ya somos víctimas de la guerra, nuestros hijos lo serán, pero ahora queremos decidir libremente nuestro futuro. 

¿Hay alguna anécdota en particular de estos tres meses que le gustaría compartir con nuestros oyentes?
Hay muchas historias. Pienso en aquel niño que se reunió conmigo y me explicó la diferencia entre el sonido de la lluvia y el de las bombas. Me lo dijo con naturalidad, pero sé que nunca lo olvidará. Luego pienso en un lugar que visité donde hay muchos atentados. En las dependencias de una iglesia se refugian muchas ancianas. Una en particular, la mayor de todas, me dijo que su misión es cantar. Le pedí que lo hiciera y empezó a cantar canciones tradicionales ucranianas y me di cuenta de que muchas de nuestras canciones hablan del sufrimiento, de las penurias de las guerras, pero también del amor. Solidaridad. Esta mujer es hoy un testimonio. Su vocación es estar ahí ahora mismo. Le gustaría estar con sus nietos, pero todos estamos separados: los abuelos de los nietos, los maridos de las esposas. Esta es una de las consecuencias más atroces de la guerra. 
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