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ReligionMúsica y talento para reparar los daños causados a la Creación

Música y talento para reparar los daños causados a la Creación

  • 7 meses ago
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Cecilia Seppia – Ciudad del Vaticano
"Los talentos y la participación de todos son necesarios para reparar el daño causado por los seres humanos a la creación de Dios. Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno con su propia cultura y experiencia, sus propias iniciativas y capacidades" (LS 14). Los líderes del Movimiento Laudato si’ han tomado al pie de la letra este pasaje de la encíclica del Papa Francisco, poniendo su tiempo y sus habilidades al servicio de la protección del medio ambiente, así como su arte, especialmente la música, una escalera que nos acerca al Padre, un poderoso instrumento que no conoce barreras de nacionalidad, etnia o color de piel, sino que involucra a todos en un lenguaje superior, hacia un desafío que hoy es trascendental. Y a menudo, mucho más que las palabras, la música orienta el corazón hacia esa conversión que, incluso antes de ser "ecológica", concierne al espíritu del hombre, a su pensamiento, a sus acciones dictadas no por el egoísmo y el individualismo, sino por el amor a Dios y al prójimo. Así, el padre Mimmo Iervolino, párroco de Pomigliano d’Arco, compone música desde hace más de veinte años y, últimamente, sus canciones tienen como tema el grito de la tierra y de los pobres, en primer lugar, el grito inaudito y terriblemente actual, dada la guerra de Ucrania, de los emigrantes, de los refugiados y de todos los que se ven obligados a abandonar sus hogares, destruidos por las bombas. Lo mismo ocurre con Matteo Manicardi, que crea espectáculos en los que combina música e imágenes para dar testimonio de la belleza de la Creación en medio de la tragedia. O Luca Terrana, presidente de la asociación "Accanto a Kibera", que apoya proyectos humanitarios en Kenia a través de lo recaudado en sus conciertos y musicales. Luca compuso el Himno del Movimiento Laudato si’, que se cantó en directo en el encuentro de Roma para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado durante el Tiempo de la Creación 2021 y actualmente está completando un álbum conceptual sobre el Cántico de las Criaturas, con canciones en varios idiomas.
De 45 años, casado, con tres hijos, Luca vive en Rivoli, en la provincia de Turín y desde 2021, tras el curso de formación, se ha convertido en un promotor de Laudato si’. "Llevo cantando y tocando desde los 17 años – cuenta -, empecé a dar mis primeros pasos dando cuerpo a esta pasión en la parroquia de San Giovanni Bosco. En la base de todo está la fe en el Dios que es Señor del Universo, de la Creación y de todas sus criaturas, como nos enseña San Francisco. Por eso, cuando me pongo a escribir una canción, lo primero que hago es escuchar al Espíritu, sabiendo que la música puede cambiar el corazón y la mente de las personas, inspirando emociones, pero también el deseo de convertirse. Ver la imagen de un glaciar derritiéndose, un bosque en llamas, las consecuencias de una catástrofe natural, es algo fuerte que te saca de tu vida cotidiana y te hace cuestionarte, aunque esté lejos de nosotros. Pero ver esas mismas imágenes acompañadas por la música de un pianista, un guitarrista o un coro de voces pidiendo a Dios, al unísono, el perdón por el mal hecho al planeta tiene un impacto totalmente diferente. Es como si la música fuera capaz de despertarte del sueño, de la indiferencia, de la ignorancia para llevarte a ese grito que hoy se eleva desde la Tierra. La música es un poderoso motor, es denuncia, pero en mi caso también es lo que me permite ayudar concretamente, como hago con ‘Accanto a Kibera’, recaudando fondos para los que viven en este barrio marginal". Luca habla de su talento como una responsabilidad: "Yo soy – prosigue – un clavicordio vacío, pero intento trabajar como un lápiz en manos de Dios. Me siento ‘tocado’ por Dios y a veces me sobrecoge el asombro: Claro, pongo mis habilidades, mis instrumentos, pero también soy consciente de que formo parte de un proyecto mayor. Luego, por supuesto, también hay una retroalimentación directa, es decir, personas que me involucran en proyectos, otras que luego de escuchar una de mis canciones han optado por comprometerse con la causa del medio ambiente o por convertirse en animadores de Laudato si’, poniendo otros carismas, habilidades y profesiones al servicio de la ecología integral".
El primero en cantar a la Creación fue San Francisco con su Cántico de las Criaturas, el primer poema en música, escrito en lengua vernácula, del que se conoce el autor, grabado en el Códice 338, que aún se conserva en Asís en el Sacro Convento. "La antigua partitura se ha perdido – explica Antonio Caschetto, coordinador de los programas y círculos italianos del Movimiento Laudato si’-, "por lo que es una canción sin melodía, pero su eco se ha extendido a lo largo de los siglos, dando lugar a un sinfín de otros escritos, reinterpretaciones y arreglos. El del ‘Poverello de Asís’ es un himno de amor a Dios y a la Creación. En este texto hay un detalle que a menudo se ignora: se trata de la preposición ‘para’. Francisco alaba al Señor por la hermana agua, por el hermano sol, por la hermana nuestra madre tierra… Pero no es una alabanza referida a estos elementos como dones, sino porque a través de ellos se llega y se comprende lo trascendente. Por otra parte, ¿quién sería tan insensato como para dar gracias a Dios por la muerte, por el lobo que mutila a la gente sin remordimientos? Este aspecto también nos dice que la relación con Dios nunca se hace con palabras. Ese ‘para’ representa la imposibilidad del hombre de utilizar palabras para llegar al Altísimo: ‘Ningún hombre es digno de nombrarte’, dice el Cántico. De hecho, las palabras pueden ser ambiguas, falsas y caer en saco roto, como tantos llamamientos que hacemos a la gente para que empiece a abrazar la causa del medio ambiente; en cambio, San Francisco busca una relación con el Señor a través de los elementos, la música y el canto.
De hecho, la música, que sea compuesta o no para el medio ambiente, tiene algo de ancestral. "Los hombres de las cavernas – explica Caschetto – hacían música con piedras, colocándolas una al lado de la otra. Pero pensemos también en la importancia de la danza y, por tanto, de la música en algunos pueblos indígenas; pensemos en la canción de cuna que una madre canta a su hijo antes de que éste pueda entender el significado de las palabras. Y, sin embargo, esa melodía le calma, le tranquiliza porque va directamente al corazón y envuelve los sentidos. Pensemos también en los salmos. O a los influencers, los personajes públicos de hoy que utilizan las canciones para transmitir mensajes. La música mueve el corazón y puede comunicar, antes que cualquier otro instrumento, la urgencia de la conversión. Sin embargo, también necesitamos talento para hacerlo, y la Iglesia está llena de talentos, sólo que muchas veces permanecen ocultos, o por envidia, celos o negligencia no se les da la oportunidad de expresarse y colaborar en la causa del Evangelio. Nuestra principal tarea es, por tanto, aprovechar al máximo el talento".
En los textos creados por los músicos y cantantes del Movimiento Laudato si’ hay, sin duda, una oración para que la conversión necesaria para restablecer la alianza con nuestra casa común y reanudar el diálogo cotidiano con Dios tenga lugar en los corazones y las mentes de cada hombre, pero también hay muchos temas sociales contenidos en la encíclica. El tema del clamor de los pobres, la injusticia ambiental, el cambio climático, la hambruna, la contaminación y sus dramáticas consecuencias también en términos médicos, de nuevas enfermedades, se hacen familiares. "Quisiera recordar que Laudato si’ no es, como muchos piensan, un libro "verde" y no podemos etiquetarlo como tal, de lo contrario cometeríamos el mismo error que con el Cántico de las Criaturas, escrito en un momento de gran sufrimiento del Santo de Asís que, en ese momento, en 1224, estaba enfermo, había perdido la vista debido a un glaucoma crónico, por lo que también había tenido que someterse a una operación de cauterización. Tenía malaria, tenía estigmas y, por lo tanto, sangraba; también se había distanciado de la Orden con la que ya no se identificaba, era todo menos feliz, casi derrotado en su sueño, y en ese momento también había guerra… Pero, también gracias a la iconografía, el Cántico hace pensar en Francisco como sumergido en la naturaleza, saltando alegremente con el canto de los pájaros de fondo, mientras alaba al Señor, ¡y no fue así! A lo largo de la segunda parte de esta composición, se hace referencia a los pobres, a los enfermos, a los que sufren, a los que padecen tribulaciones, a los que luchan por la paz. Hay un fuerte tema de servicio, de ponerse el delantal y ensuciarse las manos, con humildad, está el abrazo al leproso. Son los mismos temas en los que insiste el Papa, hasta el punto que ha sentido la necesidad de escribir una segunda encíclica, Fratelli tutti, que en cierto modo completa a la Laudato si’, especialmente el capítulo 49. Crear redes, tender puentes, intensificar las relaciones como hace el Movimiento es fundamental para responder a la llamada del Pontífice. Y es a partir de la comunión que la intención se transforma en viabilidad, sin perder nunca de vista la espiritualidad, en este caso la eco-espiritualidad, que quiere que el hombre no sea déspota ni dictador, sino que dialogue con todas las demás criaturas. La creación nos habla en el lenguaje de los colores, de las obras de arte maravillosas, de los paisajes, de la alternancia de las estaciones, ya que es arte en sí misma, por lo que es fácil combinarla con la música, exaltarla con la música. Por último, la música purifica la mirada enquistada de nuestra vida cotidiana, nos da nuevos ojos, pero nunca es un fin en sí misma. Al cantar o tocar, no nos alejamos del drama, sino que nos comprometemos aún más a denunciarlo, a sacudir nuestras conciencias. Consigue realizar el milagro de construir un mundo mejor, sacándonos de nosotros mismos y de nuestras quejas.
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