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viernes, octubre 7, 2022
ReligionEn un bosque de nogales, el cuidado de la tierra y de las heridas humanas

En un bosque de nogales, el cuidado de la tierra y de las heridas humanas

  • 5 meses ago
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Cecilia Seppia – Ciudad del Vaticano
Es 2013 cuando Hamidah, desde Nigeria, llega al Centro Nocetum. Está sola, y también embarazada, en el séptimo mes de gestación, pero no sabe nada del bebé que lleva dentro, o más bien, no parece querer saberlo. Recientemente, gracias a una asociación, consiguió salir de la trama de la trata que durante años la obligó a prostituirse, sufriendo violencia y torturas de todo tipo. Su rostro, joven y bello, lleva las señales de la desfiguración de la dignidad de las víctimas de la esclavitud y una profunda cicatriz causada por su "protector" el día que Hamidah huyó. En sus ojos hay miedo, ira y soledad. Ni siquiera habla bien el inglés, no confía en nadie y es difícil de manejar. Gloria Mari, directora del centro del sur de Milán, es la primera en acogerla. Junto con los demás miembros de la comunidad, intenta encontrar una vía de diálogo y el amor parece ser el único camino. "Hamidah siempre estaba triste, asustada, enfadada. Le ofrecimos cobijo y juntos esperamos el día del parto, intentando transmitirle la alegría de este inminente nacimiento. Una noche, Hamidah empezó a ponerse de parto, estaba enferma", cuenta Mari, "así que llamamos a la ambulancia. El personal sanitario me dijo que me subiera a bordo y la acompañara en este viaje. Me sentí inadecuada, verás, soy geóloga, vengo de una formación diferente, no sabía nada de partos, pero ellos fueron inflexibles: ‘Quédate con ella’. Durante todo el camino me limité a abrazarla, a cogerle la mano y, una vez en la sala de partos, a animarla. Entonces, de repente, fui testigo del milagro de la vida: tras unas horas de empujar y luchar, nació Victoria, una preciosa niña, y mientras Hamidah la sostenía cerca, por primera vez, la vi sonreír. Nada te recompensa tanto como la sonrisa de alguien a quien ofreces tu ayuda. Espontáneamente agradecí a Dios por ese inmenso regalo, por la belleza después de tanto sufrimiento y horror. La victoria cambió su carácter, pero sobre todo le dio una perspectiva de futuro. En los meses siguientes, Hamidah se quedó con nosotros, incluso quiso bautizar a su hija, y en cuanto a mí, esta experiencia me cambió profundamente".
Historias como esta en Nocetum hay tantas, como tantos son los ámbitos en los que esta realidad, en un modo sorprendentemente interconectado, logra operar: lugar de espiritualidad, de custodia de la Creación y también de acogida de las personas más frágiles e “invisibles”, el Centro nace de la intuición de la Hermana Ancilla Beretta, en 1998, en Cascina Corte San Giacomo, al sur de Milán, y traduce en los hechos la “teología integral”, defendida por el Papa Francisco en la Laudato si’ para conjugar la dimensión ambiental con la social. El nombre deja ya entender una vocación que en los primeros años de actividad no se había manifestado todavía: Nocetum es, de hecho, el topónimo latino de un antiquísimo bosque de nogales que circundaba la actual iglesia pequeña de los Santos Felipe y Santiago, corazón palpitante del Centro. “La historia de Nocetum -prosigue Mari- empieza justo con la oración en esta pequeña iglesia que era usada por los primeros cristianos para escapar de las invasiones bárbaras y de las persecuciones. Como entonces, también en el tercer milenio continúa siendo un refugio para quien huye de la confusión, de la convulsión de la ciudad, también para dar cobijo a quien no tiene más una casa, un techo, como Hamidah, como tantos migrantes que escapan de sus propias tierras, amenazados por la guerra, el hambre, la pobreza; además, el entonces arzobispo de Milán, el cardenal Martini, nos había dado un mandato bien preciso: escuchar las necesidades de la ciudad. Y, así, con mucha valentía y un poco de inconciencia, alquilamos la Cascina Corte San Giacomo, abandonada en aquella época y en el corazón de una zona de grave degradación medioambiental y civil, empezamos a rezar y a planificar el futuro”.
Inmerso en el verde, vía de acceso al Parque Agrícola Sud Milán, inserto en el Camino de los Monjes, que hicieron la historia del Medioevo cristiano en Italia, pero con los clásicos edificios grises de los suburbios metropolitanos a sus espaldas, Nocetum se ha convertido con el tiempo en un símbolo de cohesión social y sustentabilidad medioambiental. “Viniendo de una espiritualidad muy influenciada por la proximidad de la abadía de Chiaravalle y de otras realidades vinculadas al monacato -continúa Gloria Mari-, hemos sentido la necesidad de combinar la oración con una viabilidad”. En definitiva, junto al ora, también está el labora. Y el de esta comunidad es un trabajo que no se detiene nunca. “Estamos más que nada orientados a la acogida de madres y niños, que llegan aquí después de ser remitidos por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Milán, pero también de personas frágiles y más desfavorecidas o en estado de libertad condicional. Somos una comunidad educativa y una cooperativa social; nos ocupamos de las inserciones laborales, siempre de personas desfavorecidas, que permiten llevar adelante el área productiva de Nocetum: una hectárea de campo a cultivar, nuestro laboratorio, la cocina a kilómetro cero, o más bien a metro cero, porque en Nocteum, realmente se camina entre los terrones, las hierbas aromáticas, los árboles de frutas. Cultivamos y cuidamos los animales junto a profesionales y pasantes; producimos todo en modo biológico, no usamos pesticidas o insecticidas y tratamos de ser sustentables”.
La referencia a la Laudato si’ aquí en Nocetum es constante. “Nosotros tratamos de poner en práctica cada día la ecología integral del Papa Francisco -asegura la responsable del Centro-. Entre otras cosas, esta encíclica responde plenamente a una interrogante que nosotros nos hacíamos desde hace tiempo: ¿la dimensión de la acogida y de la atención al pobre, al excluido y el cuidado de la Casa común, de verdad se pueden hablar, se pueden comunicar entre ellas? ¿O es solo una utopía? ¿Tiene sentido lo que estamos haciendo o es algo que nos inventamos nosotros? Leyendo la Laudato si’ se nos abrió el corazón también por la dimensión ecuménica de la que el Santo Padre habla y que nosotros respiramos y vivimos constantemente: quien trabaja aquí con nosotros, a menudo no es creyente, no es practicante, o pertenece a otra religión y, sin embargo, la diversidad encuentra la unidad con el objetivo de la redención social y en el cuidado del ambiente. Tal vez algunas cosas de este texto las predijimos, a nuestra manera ya las estábamos poniendo en práctica, pero sus indicaciones fueron cemento y empujón al mismo tiempo. Una noche acogimos un grupo de gitanos que habían escapado de un incendio que ocurrió en directo, ante nuestros ojos. La Cascina no estaba aún reestructurada, no sabíamos dónde ponerlos, así que abrimos la pequeña iglesia, que también tiene calefacción, y pusimos mantas y colchones en el suelo. No todos en el barrio estaban de acuerdo con este gesto. Nos decían: ‘Estos gitanos apestan, hay que estar atentos’. En cambio, con esta experiencia, tuve la certeza de que ellos son quizá más hijos de Dios que nosotros, forman parte de la Creación, al igual que nosotros. Quiero decir que quien se llena la boca con mensajes que van en la línea de la protección, del cuidado del ambiente, pero después desprecia a los pobres, no está haciendo un servicio a la Creación. Más allá de las piedras en el sentido estricto del término, nosotros debemos prestar atención a las piedras vivas, a las personas, que constituyen la casa de Dios".
Además de la casa de acogida, Nocetum organiza recorridos didáctico-educativos para escuelas y grupos, actividades de voluntariado e iniciativas para favorecer la integración y la cohesión social, también es promotor de proyectos y de actividades destinadas a mejorar el territorio, con la colaboración de Cáritas Ambrosianas. “Nuestro punto de partida -insiste Mari- es siempre poner en el centro a la persona. Al estar en los suburbios, a menudo entramos en contacto con los descartados y rechazados de la sociedad, no sólo con los pobres y los sin techo, pero también los que, a pesar de tener un sueldo a fin de mes, no entran en la lógica de una ciudad que exige cada vez más, más productividad, más eficiencia, provocando la ruptura de las familias y de los vínculos afectivos. Padres que no están nunca en casa, niños que prácticamente viven en la calle. Por ello, poner en marcha una acción fuerte contra el descarte y el despilfarro, dando dignidad a la persona, era para nosotros la respuesta primaria. Nuestra vocación a la salvaguarda ambiental nos ha permitido a su vez actuar en el territorio devolviéndole su belleza originaria: replantamos árboles de nueces, las rosas, las flores; fueron agregadas otras especies autóctonas de fruta para un total de alrededor de 160 árboles, además de numerosos arbustos para la producción de pequeños frutos y un huerto. Y la gente se asombró de esta belleza transformada en fuente de trabajo para mujeres con baja escolarización. Buscamos también insistir en lo que nosotros llamamos economía circular, enseñando a la gente cómo deshacerse de los residuos correctamente, cómo evitarlos, es una lección cotidiana que empieza con el testimonio. ¡Solo el testimonio nos hace creíbles!”.
“A lo largo de los años hemos acogido a personas de los cinco continentes, y hemos visto que todas ellas, quizás sin conocer el idioma, tenían diferentes creencias, diferentes hábitos y costumbres que dificultaban la comunicación, pero todas estaban familiarizadas con la comida, todas sabían cocinar algo típico de su tierra. Así que la comida era el elemento de agregación: de ahí el huerto, la agricultura social, la "Cocina Nocetum", un servicio de catering que presta especial atención al origen de los productos y a su autenticidad y que da empleo a varias personas. La apicultura y nuestra tienda donde vendemos miel; y luego la distribución de paquetes de alimentos que nos permiten conocer y ayudar a tantas personas, simplemente dándoles comida. No hace mucho, después de quedarse con nosotros durante un tiempo, una mujer nos dejó para ser trasladada a otro lugar. Antes de marcharse, buscó la manera de darnos las gracias, pero no tenía nada que ofrecer. Al final nos dijo: ‘Denme agua y harina’. Y nos hizo un pan típico de su país. Lo que se me quedó grabado fue que dibujó una cruz en la barra de pan, ¡y era musulmana!".
 
 
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