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sábado, junio 25, 2022
ReligionShevchuk: Ucrania lucha, reza y anhela lo grande

Shevchuk: Ucrania lucha, reza y anhela lo grande

  • 2 meses ago
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Vatican News

“Hoy le pedimos a Dios Nuestro Señor, que nos enseñe a ‘desear lo grande’ y a alcanzarlo también”. Son palabras del Primado de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, Monseñor Sviatoslav Shevchuk, en su video mensaje del 18 de abril, a 54 días del comienzo de la invasión rusa a Ucrania. El prelado, en su mensaje cotidiano, sigue proponiendo una reflexión a través de los mandamientos de Dios, en esta ocasión el décimo, que enseña: “No codiciarás nada que sea de tu prójimo”.
Un mandamiento, explica monseñor Shevchuk, que “vigila la pureza del corazón del hombre” y parece “resumir en sí los diez mandamientos” mostrando de “dónde viene la raíz de la pecaminosidad de las acciones humanas”.
Este mandamiento dirige nuestra atención al interior del corazón humano. Porque es justamente ahí, en lo más profundo de nuestra personalidad, donde abrigamos tal o cual intención. Y aprender a no desear, a no codiciar lo que pertenece a mi prójimo, aprender a discernir las propias aspiraciones es el fundamento principal de un estilo de vida cristiana sana.
El prelado evidencia la importancia de saber distinguir entre los deseos para saber cuáles son reales y cuáles “están inspirados por el espíritu maligno. Saber que la aspiración más importante del corazón humano es el deseo de Dios. El anhelo de Su Vida Eterna”. Y señala que cuando el hombre descuida este deseo, entonces está perdido y no sabe a qué aspira.
El Primado de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana se remite entonces a las palabras que  
Su Beatitud Patriarca Josyph Slipyy, que repetía a sus hijos: “¡Deseen lo grande!”, enseñando así a “no cambiar nuestras aspiraciones a lo grande por cosas mezquinas y rastreras”.  Porque, afirma Shevchuk “si el hombre no sabe aspirar a lo Grande, a lo Eterno, a lo Verdadero, a lo Divino… Entonces su corazón, su ojo se vuelve impuro”.
Shevchuk cita a continuación al poeta Shevchenko quien hablando del “ojo ávido”, decía: "Este ojo ávido busca más allá del confín del mundo, para ver si acaso no hay algún otro país… para robarlo y para luego llevárselo con él a la tumba…” y señala:
Jesucristo nos enseña que es del corazón humano de donde salen los malos pensamientos, la impureza, las intrigas de asesinato y todas las demás malas acciones.
Por ello, tras elevar su oración para saber “desear lo grande” y alcanzarlo, evidencia cómo el ojo malo y ávido ataca a Ucrania., asegurando:  
Ucrania nunca ha querido lo ajeno. Siempre hemos querido sólo lo nuestro. Y hoy, al defender nuestra patria, protegemos lo que puede llenar verdaderamente el corazón humano con la plenitud de la vida.
No faltan en las palabras del Primado el agradecimiento cordial a todos los que apoyan a Ucrania, “este anhelo de lo Grande, en el anhelo de la verdad real, en el anhelo de la libertad, en el anhelo de la independencia, en el anhelo de realmente desarrollar todos los talentos de nuestra nación para el bien de la patria que Dios nos ha dado”.
Y a pesar de la dramática situación del país, recuerda la buena noticia del regreso, en las últimas 24 horas de “más ucranianos de los que se han ido”. Vemos que Ucrania empieza a reunir a sus hijos de nuevo, – afirma –  a sus hijos deseosos de realizar los mayores sueños de su corazón en su madre patria.
“Ucrania se mantiene en pie. Ucrania está luchando. Ucrania está rezando. Y obteniendo inspiración del poder de Dios”, afirma el prelado antes de iniciar su reflexión al comienzo de su videomensaje, al tiempo que evidencia el heroísmo de la ciudad de Mariupol, “centro de atención y de oración de todo el mundo”. Elevando su oración para que “la ciudad de María ayude a Ucrania a defender esta heroica ciudad”, no olvida a las demás ciudades alrededor de las cuales se están librando feroces batallas: Kharkiv, la región de Donetsk y Luhansk, Khersón y Zaporizhzhia, e implora para que Dios ayude a Ucrania a “resistir y a vencer el mal”.
Al concluir su videomensaje, monseñor Shevshuk agradece a todos los representantes diplomáticos de las embajadas que han regresado a Kyiv en las últimas dos semanas y a todos los que hoy tienen el valor de apoyar a su país. “Unirse a nosotros para aprender ellos mismos y para enseñar al mundo a desear lo grande”, añade. Y finalmente invoca al Dios para que bendiga a Ucrania, a su ejército, al pueblo ucraniano y a los niños, para quienes pide un “futuro bueno y brillante en su propia tierra”.
 
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