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martes, noviembre 29, 2022
ReligionCrisis migratoria en Chile: Iglesia de Iquique pide control, “el desorden ha dañado la convivencia”

Crisis migratoria en Chile: Iglesia de Iquique pide control, “el desorden ha dañado la convivencia”

  • 10 meses ago
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Alina Tufani – Vatican News
Una multitudinaria protesta de ciudadanos, la paralización de la ciudad, consignas contra la delincuencia, ataques contra migrantes -en su mayoría venezolanos-, violencia y desalojos forzados. Fueron estas las escenas que, desde el pasado fin de semana y hasta el martes, con la visita el Ministro de Interior, se vivieron en la ciudad norteña de Iquique, paso de frontera que no se da abasto desde el comienzo, hace cinco años, de una avalancha migratoria que, por pasos ilegales, entran sin nombre, sin edad, sin oficio y sin rostros, no identificados, al país. No importan cierres, pandemias, sacrificios, pues la esperanza para casi todos estos migrantes es llegar a construirse un futuro mejor que el que dejaron en su patria. Pero lamentablemente,también entran quienes se aprovechan para pasar desapercibidos con sus vicios y discutibles intenciones escondidos en la marejada humana. Y se ve.
 
No sólo en Iquique, sino también en Arica y Antofagasta, el aumento de una población migratoria en el Norte de Chile, casi todos venezolanos, en condiciones paupérrimas, sin control, seguridad o asistencia, plantados en plazas o esquinas de la ciudad, donde comen, duermen, juegan y evacuan, han sido caldo de cultivo para la exasperación ciudadana, para el rechazo, el miedo y la discriminación. Han entrado los buenos, muchos, y los malos, menos, pero suficientes como para hacer aumentar la tasa de delincuencia en un 180 por ciento.
Las protestas que en estos días afectan el norte del país con cierres de carreteras y paralización de transportes es contra el aumento de la delincuencia común, la trata de personas, el crimen organizado, el narcotráfico, el secuestro. La caridad, la acogida,la colaboración y el espíritu fraterno que desde el principio demostraron los habitantes de Iquique, Arica y Antofagasta no fue repagada y apoyada por el Estado, que simplemente encontró en el cierre de las fronteras y las deportaciones una solución. Una desatención y un abandono,  denuncian las autoridades locales, instituciones, ciudadanos, organizaciones sociales y humanitarias y la Iglesia.
El administrador diocesano de Iquique, el padre Guillermo Fajardo Rojas, publicó el domingo un comunicado que pide diálogo y soluciones “reales” y a responder de manera mancomunada y humanitaria a la actual fenomeno migratorio. Y mientras el neo Ministro de Interior discutía en la alcaldía de Iquique, en la tarde de ayer, sobre las medidas a tomar, Vatican News conversaba con el padre Fajardo sobre la situación.
“Vemos la falta de organización y de coordinación con respecto a este nuevo fenómeno migratorio”, es lo primero que nos dice el sacerdote después de resaltar que Iquique es una ciudad que se ha ido construyendo “fruto de muchos encuentros, de cordones migratorios que llegaron a la ciudad y se asentaron”. La diferencia, hoy por hoy, es que, con el cierre del paso fronterizo de Chile, “se ha generado el ingreso de una migración irregular, no se sabe “quiénes son, sus nombres”.
 
Y aclara: si bien “se ha producido un ingreso de personas que vienen correctamente a buscar un trabajo, a generar expectativas nuevas porque, evidentemente, del país de donde vienen, desde Venezuela, la situación es muy precaria, es muy difícil y conflictiva, también han accedido al país personas, sin ningún control, incluso con antecedentes delictuales, y se ha visto lamentablemente en la región el aumento de un 185 por ciento de situaciones de violencia, de actos delictuales y han empezado a surgir situaciones que no eran propias de nuestra ciudad, como por ejemplo el secuestro, peleas con cuchillos y cosas que evidentemente denotan que se está produciendo una instalación cultural desde lo que podríamos decir, delictivo. Ante este fenómeno migratorio la gente ha empezado a sentirse afectada”.
El año pasado, más precisamente, en abril de 2021, el gobierno promulgó una nueva Ley de Migración y Extranjería con la intención de mejorar la seguridad y control de la entrada a Chile de inmigrantes, cada vez más voluminosa, atraídos por una calidad de vida, quizás no “ideal”, pero si mucho mejor que la presente en diversos países de América Latina. Para algunos, la nueva ley más allá de las deportaciones masivas y trabas a la regularización, no ha dado respuestas al problema migratorio.
“A esa ley migratoria le falta afinar detalles – afirma el padre Fajardo- Es necesario, hacer una ley que busque responder de manera humanitaria al tema de la migración. Son personas que viene de un conflicto en su patria de origen. Y como país, desde la dimensión de la fraternidad, de la justicia, de la solidaridad, es necesario acogerlos y esto es indiscutible. Pero es necesario que esa ley migratoria también sea super clara con respecto a las personas que ingresan, ya que vienen personas con problemas delictuales desde sus países, personas que pertenecen a carteles de la trata y el narcotráfico. Entonces, frente a ese hecho, la ley migratoria debería tener cosas muy claras, muy precisas que hoy día no las tiene”.

Iquique, Arica y Antofagastá están hoy en las primeras planas de los diarios. Tras la visita ayer, martes, a Iquique, el Ministro de Interior,  Rodrigo Delgado, se comprometió a tomar “acciones concretas” y aumentar el número de carabineros en la zona. Mientras tanto, desde la vecina Arica, en plena protesta, el obispo y presidente del Instituto Chileno Católico de Migración (INCAMI), monseñor Moisés Atisha, envió una carta al ministro del expresando su “profunda preocupación y reclamando la falta de políticas públicas adecuadas. Las autoridades locales piden declarar un estado de emergencia en el norte del país para enfrentar el problema de una manera más rápida y con recursos del gobierno central.
Para el encargado de la diócesis de Iquique la prioridad es “poner orden en el problema migratorio, hacer un catastro, y crear un albergue humanitario” para que “estas personas no se empiecen a diseminar por la ciudad, que es los que produce el mayor estrés”. Fajardo explica que a su llegada los migrantes instalan carpas, usan las plazas como cocinas, letrinas o baños públicos. No hay nadie que los asista y reciba, “en esa situación se comienza a manifestar el malestar en la ciudadanía y a peligrar la convivencia.
 “Creo que es fundamental tener un espacio, un albergue, donde también puedan acceder a servicios sociales y de planificación de los destinos a los que quieran dirigirse – Santiago o Antofagasta- o quedarse en la ciudad, pero con asistencia, bolsas de trabajo, para integrar a estas personas. Eso es lo primero.
 “El desorden – continúa explicando Fajardo- es lo que ha producido de una u otra manera estas situaciones que han ido afectando y dañando la convivencia entre la migración y los ciudadanos. El desafío que tiene el Estado es hacer políticas claras, precisas, humanitarias, de justicia social que les permita a estas personas, que tienen toda la facultad y el derecho, ser acogidos en un país y no maltratados y rechazados porque se generan problemas de rivalidades que dañan la convivencia".
La iglesia en Chile, junto a otras ONG ha estado a la vanguardia en la atención, en la acogida, en la protección, incluso legal y jurídica, de estos migrantes. “La iglesia de Iquique y de Chile en general, desde el minuto uno de este problema migratorio, a través de la acción social de Cáritas Chile ha estado apoyando, ayudando”, subraya el responsable diocesano. “Se han generado comedores solidarios, se ha ayudado en la situación de migrantes que estaban varados en la ciudad y que, a través de trabajadores sociales, se han comprado pasajes y encntrado trabajo. También ha sido muy importante el diálogo de la Iglesia con el municipio de Iquique, con los gobiernos regionales, el delegado presidencial. Con ellos se ha realizado proyectos de albergues, de protección para la infancia.  
“Todo esto lo ha hecho la Iglesia- enfatiza el padre Fajardo – pero es responsabilidad directa del Estado”.  Cómo puede ayudar la Iglesia: “Generando puentes para que el Estado pueda responder de manera humanitaria, de manera fraterna, desde la justicia social y desde la promoción del cuidado de todos y del bien común”.
 
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